LÍMITES A LA AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD

El derecho contractual está dominado por el principio de libre albedrío. La autonomía de la voluntad rige tanto en la formación del contrato como en su ejecución.
Según el principio de libertad contractual, todo lo que no está prohibido está permitido. Esto implica que existe una sujeción a las obligaciones impuestas por la ley. Las partes son libres para contratar y para determinar el contenido dentro de los límites establecidos por las disposiciones legales.
Por tanto la autonomía privada no es un principio de carácter absoluto. De serlo, se estaría concediendo autoridad ilimitada al arbitrio individual. El problema de la autonomía privada es un problema de límites. El orden social constriñe que ésta autonomía no sea arbitraria, ya que permitir una libertad desmesurada y esto únicamente obraría a favor de la perturbación de dicho orden. Se trata de encontrar un punto de equilibrio.
Hemos visto que en el derecho existen dos tipos de normas: las dispositivas y las imperativas.
Las normas imperativas son las que por su contenido no pueden relegar los sujetos a las que van dirigidas, de manera que tienen completa validez independientemente de la voluntad de estos.
En oposición encontramos las normas dispositivas de cuyo contenido puede prescindirse en virtud del principio de autonomía de la voluntad, constituyendo norma jurídicas las que se originan como consecuencia de los actos y contratos realizados entre particulares o entre éstos y órganos estatales cuando actúan como particulares.
El ejercicio de la libertad contractual no puede ir en contra de la colectividad y no puede colisionar con los derechos de los demás. Es un derecho que debe ejercerse con preocupación y debe seguir las pautas normativas para su ejercicio.
La autonomía de la voluntad descansa sobre la base de la creencia en la libertad natural del hombre. Cualquier persona es libre de contratar o no con la persona de su elección, y con conocimiento. Permitir a los hombres la realización de contratos si lo consideran conveniente, es la mejor manera de establecer relaciones entre ellos, la más justa y la más útil.
Sin embargo, la disminución de esta libertad tiene lugar debido a factores económicos, políticos y sociales. La protección de los más débiles como los empleados, los consumidores, los inquilinos y las víctimas. Una mejor justicia y el bienestar de la sociedad deben buscarse en primer lugar.
La libertad individual es la norma, pero varias excepciones ocurren, a estas excepciones le llamamos límites y están establecidas para la protección de la sociedad.


















